Días 42, 43 y 44: 17408 kms después (o Santiago de Chile - Valparaíso - Santiago de Chile)
Siempre he preferido conocer las ciudades a mi ritmo, perderme en sus rutas de buses y metro, preguntar en las tiendas de esquina y caminar como loco en busca de lugares comunes y no comunes en los que pueda encontrar una foto, una persona o una historia. Ya todos conocen también mi aversión hacia los guías turísticos y, peor aún, las visitas guiadas. Por eso decidí independizarme del grupo cuando todos decidieron ir a recorrer la ciudad y sus puntos de interés turístico.
Mientras ellos iban en los carros oyendo música y con aire acondicionado, yo caminaba jadeante las calles en este verano del infierno, cuidando paranoicamente mi cámara y mi ipod, como si estuviera acaso en el tercer mundo. Perdí gran parte de mi primera tarde procurando encontrar el distribuidor Nikon que me vendiera un repuesto para mi cámara (una tapa que extravié en Bariloche) y la otra parte en el Museo Nacional de Bellas Artes, ya que el de Arte Contemporáneo se encontraba cerrado. Caminé luego por las calles del centro, que me recordaron mucho a las calles madrileñas por su estrechez, su sombra, sus edificios de no más de 5 pisos y sus discretos cafecitos cada tanto. Esto contrastó con la parte moderna de la ciudad, que salvo por las calles en perfecto estado y un caótico, pero respetuoso tráfico, me recordó a Bogotá o Medellín con sus edificios altos, centros comerciales, locales de moda y restaurantes ultra chic. A la noche tuve mi corta probada de la vida nocturna chilena junto con un amigo español y dos colombianos que conocí ese día.
El viaje a Valparaíso se suponía era la última escala para nosotros y en la que finalmente íbamos a poder entregarnos al ocio, la tranquilidad y el mar, pues era allí donde teníamos que entregar los carros para que fueran embarcados en contenedores hacia Buenaventura, en el pacífico colombiano. No contamos con que el Queen Mary II haría escala en este pequeño puerto y que dicha visita paralizaría cualquier actividad en el mismo. El tráfico, el calor, la gente y el hecho de que tuvimos que atravesar toda la ciudad arrastrando el carro muerto hicieron de este recorrido algo realmente insoportable. Además de esto éramos presas de una desinformación total en cuanto al procedimiento que debíamos seguir, por lo que tuvimos que recorrer nuevamente toda la ciudad hasta la entrada al puerto que era del lado contrario al que habíamos llegado y luego tuvimos que esperar por 3 ó 4 horas en el puerto mientras se aclaraban todos los asuntos relacionados con la embarcación de nuestros vehículos. Cuando finalizamos el trámite el cuentakilómetros marcó 17480 y el reloj las 9:30 pm. 17480 kms que volvería a hacer sin pensarlo ni una vez. Escapamos entonces hacia Santiago en una combi alquilada cuya velocidad máxima era 70 kms/h y que parecía tener el exhosto conectado directamente al interior.
En el tercer y último día en Santiago salimos con un bogotano que también estaba radicado aquí que nos llevó al Mercado Central (entre otras construida por Gustav Eiffel) lugar peculiar que mezcla en un mismo ambiente pescaderías, frutos secos y espectaculares restaurantes. Si logra uno evadir a los insistentes meseros, puede sentarse donde Augusto y comer sin lugar a dudas un delicioso Chupe de Centolla. O un lenguado o un mero o un congrio. Ah y de entrada almejas o mejillones. O lo que quiera, todo es delicioso y fresco.
Debo dedicar un párrafo exclusivamente a los cafés con piernas, curiosos ejemplos de la creatividad austral en epocas post dictadura, que no son más que diminutos locales en penumbras atendidos por sensuales chicas en ropa interior o vestido de baño dispuestas tras barras impasables. Casi todos están en el centro, abren durante el día y son frecuentados en su mayoría por oficinistas y ejecutivos que buscan un escape de sus trabajos en estos singulares recintos. A pesar de que parecen prostíbulos o al menos bares de strip tease, no ocurre en ellos nada de lo anterior, aunque se especula que hay algunos que ocultan tras su razón social otro tipo de actividades más lujuriosas que la de servir un espresso o un capuccino.
A la noche salimos algunos del grupo con mis nuevos amigos residentes en la ciudad y corrió tanta ginebra que dificilmente recuerdo algo de la noche. Recuerdo, eso sí, que la chica más linda del sitio era colombiana.
Sabiduría Austral:
“… yo tengo novio hace 7 años, pero él no sabe que yo trabajo aquí, él piensa que soy vendedora en un almacén…”
Andrea. Mesera hace un mes del café con piernas Alí ba bá en el centro de Santiago.




March 3rd, 2006 a las 10:43 pm
Yo también perdí la tapa de la nikon. la de las pilas.
Comió paila marina en Valpa? cosa buena !!
Santiago tiende a aburrir rapidito. Mucha calma, mucho silencio. Gente parca…
March 5th, 2006 a las 4:57 pm
¿Parca?… parca su definición de la gente. ¡Que cosa más aburridora!.
Y en Valpa no hice más que voltear dentro de ese maldito puerto tratando de mandar los carros para Colombia, así que no comí nada en todo el día
Saludos. ¿Cuándo vuelve a Colombia?
March 30th, 2006 a las 7:12 pm
Good site… Nice design
April 16th, 2007 a las 7:05 am
paranoia con la camara y el ipod … por qué?
April 17th, 2007 a las 10:41 pm
Lo decía en tono irónico, para remarcar precisamente que no tenía sentido sentir paranoia en un lugar como Santiago, tan ordenado y primermundista.