El día de conocer Puerto Montt (a unos 15 minutos de Puerto Varas, pero con costa en el mar), ocurren dos eventos desafortunados: por un lado llueve y por otro arriva al puerto el Queen Mary II, el famoso Titanic contemporáneo. Estos dos eventos hacen que el tráfico sea más lento, los parqueos más escasos y los restaurantes más llenos. Sin embargo logramos llegar al mercado del puerto, edificación roja a la que se le ven los años y en la que se venden por igual toda suerte de artesanías y frutos del mar en el primer piso, y una amplia oferta de restaurantes en el segundo. Aquí pedí un plato que quedó en el top 5 de los mejores del viaje: chupe de locos que es como una cazuela de frutos de mar mezclada con queso y ligeramente picante. Delicioso. Lástima que lo pedí como entrada y el estómago no quiso abrirle paso al congrio con salsa de mariscos que pedí de plato fuerte.

La experiencia gastronómica me dejó exhausto, así que mientras algunos se fueron de compras a un centro comercial en constante construcción, otros nos quedamos en la plaza de armas, que tiene la curiosa Iglesia Catedral completamente construida en madera de alerce. Frente a la iglesia esperamos que pasara la lluvia dormidos entre los carros. Luego llegaron los organizadores de un evento 4×4 haciendo promoción del mismo y compartimos un rato con ellos, parqueamos los carros para las fotos y quedamos para vernos al día siguiente.

La iglesia de Puerto Montt

El evento 4×4 estaba dividido en dos competencias: trial y Jeep Fun Race. El trial es casi idéntico al que se corre en Colombia, que consiste en sortear ciertos obstáculos en el menor tiempo posible sin salirse de un camino definido. El Jeep Fun Race es similar al Camper Cross, salvo que se corre solamente a dos vueltas y gana quien haga el mejor tiempo. Los carros los van soltando en intervalos de 10 segundos para que la carrera no sea tan peligrosa, pero aún así pudimos ver un volcado y varios roces típicos de una competencia que se desarrolla en una pista de barro. Cuando fue la hora del trial, Lucho hizo el recorrido en su Nissan a modo de exhibición y en señal de gratitud para con los amables organizadores del evento.

Antes de terminado el evento salimos corriendo de allí rumbo a Temuco, pues habernos quedado implicó modificar el otrora estricto cronograma y era apenas prudente intentar avanzar lo más posible en nuestro rumbo a Santiago, el último destino de este viaje que ahora me parece tan injustamente corto.