Día 38: No llores por mí Argentina (Villa la Angostura - Puerto Varas)
Hoy me tocaron dos tristes despedidas: de Argentina y de Fede. El deseo, para con ambos, es que no se trata de un “adiós”, sino de un “nos vemos más pronto de lo que crees”. Fede queda bien, en su rollo, en su camino, en su renovada y relajada actitud. Afortunadamente se queda para poder seguir viendo sus fotos y leyendo sus historias. Su presupuesto está cada vez más diezmado, así que tocará organizar una Fedetón a ver si logra disfrutar del mundial de Fútbol en Brasil. Misiá Elsita, ahí se quedó su muchacho sano y salvo y con la misma sonrisota de siempre.
Me voy perdidamente enamorado de Argentina, enganchado, enviciado. No había tenido este sentimiento hacia esta tierra en ninguna de las ocasiones anteriores que la había visitado y está claro que siempre será difícil abandonar un amor. Ahora nos queda cruzar nuevamente hacia Chile y rezar para que el agua de estos lagos y ríos azul verdosos cause que la gente sea más amable y menos sicorrígida, aún en Chile.
Ahora que estamos en la carretera y de repente tengo frente a mí el volcán Osorno, entiendo parte de la razón por la que argentinos y chilenos no se la llevan tan bien: repartirse tanta belleza tuvo que haber sido un proceso tedioso y odioso. En un principio me llené de ansiedad por tomarle la postal perfecta a esa montaña perfecta pero fue luego, en los saltos de Petrohué, donde obtuve mi instantánea:

Esta debe ser una de las fotos más repetidas del mundo, así como una de las obligatorias.
Acerca de Petrohué, no es más que un puerto con hotel, escala dentro del famoso “cruce de lagos” que se hace en barco y bus y debe ser uno de los viajes más sobrecogedores que puedan hacerse. Su playa es de rocas volcánicas de color gris oscuro, lo que hace casi imposible caminarla descalzo. Cerca al puerto están los Saltos de Petrohué, en donde el agua furiosa corre puliendo rocas y llevándose todo a su paso como si estuviera huyendo de un espanto, verde del susto. Aquí pude ver salmones saltando en contra de la corriente, afanados por llegar a un lugar seguro río arriba donde puedan desatar todos sus deseos sexuales.
La siguiente parada fue Puerto Varas, otro puerto más, este sobre el lago Llanquihue. Tiene una vista espectacular del volcán Osorno, el Tronador (en Argentina) y el cerro Puntiagudo. Como principales atractivos turísticos están el casino, que es impresionante para una ciudad tan pequeña y la catedral, recién restaurada, cuyas paredes están hechas en tejas de zinc pintadas de rojo y blanco. Todos los puertos, pueblos, ciudades, caseríos que he encontrado en esta región del continente tienen un encanto que me enerva. Para mí son irresistibles por su arquitectura, sus paisajes y su ritmo. Son la mezcla perfecta entre mi tercer mundo y el primero que anhelo. Puerto Varas, como gran parte de la zona sur de Chile, está claramente influenciado por los colonizadores alemanes que fundaron la mayoría de zonas urbanas de la región. Además de las casas, dejaron otro tipo de tradiciones como la del Kuchen, que me causó curiosidad pues era motivo de una feria como las que se realizan en los pueblos colombianos.

February 24th, 2006 a las 8:38 am
el kuchen es una de las mejores cosas de alemania! hya uno que se llama streusel kuchen con bolitas e mantequilla y azúcar!!!!
lo mejor…creo que por eso fue que llegué pesando 68 kilos.
February 24th, 2006 a las 10:01 am
Yo la verdad no sé por qué no probé el Kuchen… había diez millones de variedades, pero me dio como pereza probarlo. Ya sabes que no soy muy bueno para los postres…