El viaje como tal quisiera ser cliché, salvo que en realidad no son tantas las personas que sacan el espíritu, la plata y el culo para meterle nosécuántosmil kilómetros a un carro. Hay todo tipo de historias: los que se recorrieron toda Suramérica en un simca como en el 80 o las señoras que hicieron la vuelta hasta Argentina en un swift 1.3 teniendo como único percance una pinchada. Conocimos a los amunches, que venían desde Argentina en un Land Rover en un viaje de dos años hasta Alaska, y muchos otros grupos de viajeros como los de Expeditions 4×4 y unos Hummers también que pasaron volando por acá, muertos del susto. Incluso hay valientes como Federico Ruiz, que lo hacen en bicicleta, así la regresen a mitad de camino.

Los tipos como esos con los que yo voy no son más que amantes furibundos de la tracción en cuatro ruedas, que están siempre testeando hasta qué punto pueden aguantar sus máquinas. Ya hemos viajado un par de veces juntos antes y todos son muy buenos tipos. Vamos a ver qué tal se pone la convivencia después de un mes y medio.

Aunque ellos salieron ayer 28, según noticias recibidas, las primeras dos bajas fueron el alternador de Lucho y la caja de la dirección de la Bruja. El resto de la caravana siguió con la meta de llegar a Quito tal y como estaba planeado y nuestro par de héroes saldrán a alcanzarlos a como de lugar con tal de no retrasar el cronograma.

En caso de que alguien quiera ver el itinerario, haga clic aquí.

PS. Aún espero un tío que me está haciendo el favor de pagar por el flickr PRO.