Se va el demente perfecto, el cóctel molotov de ingenuidad y malicia, el de la frase oportuna, el del ojo de diamante, el oído delicado y las palabras fluidas. Anoche me tocó la despedida ya que finalmente parte este sábado, primero en avión a Pasto y de ahí en su caballo hasta donde le aguante el culo, la paciencia o la suerte. Aunque sé que él no es de
ese tipo de persona, cuando me despedí le di un abrazo fuerte, como si fuera la última vez que pudiera verlo y le mendigué una moneda de $500 a la que me aseguré de escribirle una F gigante antes de meterla al marrano... así tal vez no me la gaste nunca.
Se me anudó la garganta sabiendo que ya no iba a tenerlo al otro lado de un teléfono. Que ya no volveríamos al parque del "fracasado promedio" a tomar cerveza y hablar mierda. Pero me sirvió también la tusa para reflexionar, porque no es la primera ni la última vez que dejo gente o que la gente me deja a mí. Finalmente, cada quien va por lo suyo y no debería permitir que los sentimentalismos lo detengan en su camino. Me deja un hueco, pero también una comunión muy extraña, una hermandad, una fraternidad.
Y esta es apenas la primera despedida de varias que se vienen en dominó, ¿cuál más dolorosa de todas?. Bueno sí sé cual.
Me prometí, claro está, seguir coleccionando amigos apenas vea de los valiosos por ahí.
Será imposible olvidar a
Fede:

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